Ya estuve ahí…

Biblia, Guatemala, Niñez, Reflexiones

Foto: Sam Llanes.

“Si, me invitan a irme con ellos todo el tiempo, pero yo ya pasé por eso y no quiero regresar”. Tuve que respirar profundo para evitar llorar al escuchar estas palabras.   No por las palabras en sí, sino de quién provenían. Porque siempre hemos dicho que la sabiduría viene con los años, pero escuchar consejos, reflexiones y lecciones de vida de parte de niños, no hace mucho sentido.

Mientras otros preadolescentes apenas están empezando a escuchar a sus padres y maestros hablar sobre los riesgos de las amistades y las pandillas, yo escucho a un trece añero que me habla como viendo dentro de su historia.  Mientras hay ancianos que cuentan sus memorias a través de arrugas y canas, la sonrisa de Maynor todavía tiene un dejo de melancolía, de una historia demasiado reciente, demasiado cruda y demasiado injusta. Es una historia dolorosa, que seguramente ni siquiera ha terminado de procesar, pero que le permite hablar con más solvencia que la de muchos de los que estamos a su alrededor.  Lo escucho atentamente.  No le intimida hablar.  Es demasiado joven para saber de autocensura.  Tal vez sería más fácil hablar de fantasías, de deportes, de sueños y de aventuras… en lugar de eso me habla de sus años en la pandilla, de sus decisiones equivocadas y sus mayores miedos.

Me siento a escuchar a Andrea que vivió en las calles, que ya fue madre antes de sus 15 años, y mientras comemos, me cuenta sobre lo duro que fue para ella salir de la drogadicción… o converso con Daniel, que desde los 7 años fue manipulado y utilizado por vecinos para mendigar en las calles, y a sus 12 años, me dice “me da tristeza ver a todos los que pasan tiempo en la calle pidiendo dinero, que no pueden disfrutar su niñez”.  O mi inesperada conversación con Edgar, que en lugar de cursar 3ro primaria, este año  trabaja lustrando zapatos para mantener a sus hermanos luego de quedar huérfano hace menos de 6 meses…

Y yo solo quisiera abrazarlos y regresar el tiempo, y darles muñecas y pelotas, y jugar y saberlos niños por un día más.  Porque ellos ya estuvieron ahí… ya vivieron algunos de los momentos más difíciles que nadie quisiera vivir.  Y sus lecciones de vida no corresponden a sus edades.  Y yo no se que hacer al respecto, porque yo no sé que se siente haber pasado por algo así… ni antes ni ahora.  Y me veo a mi misma y el contraste duele. Porque es difícil verlo desde fuera, o verlo como adulto, sabiendo los riesgos, repercusiones y traumas que vienen con cada experiencia de este tipo… de las cuales estos niños no tienen idea.  Y duele saberlo sin poder hacer nada al respecto.

La resiliencia de los niños es mayor a mi comprensión, esa capacidad de sobreponerse, crecer y fortalecerse a pesar del dolor… y busco dentro de mi entendimiento de Dios y del sufrimiento, y no puedo más que descansar y pensar que Colosenses 1:11 tiene y tendrá por fe, un nuevo sentido en mi vida y en la de aquellos que ya estuvieron ahí… “por el gran poder de Dios cobrarán nuevas fuerzas, y podrán soportar con paciencia todas las dificultades. Así, con gran alegría, darán gracias a Dios, el Padre.”

 

Liz Herrera
Directora de Medios y Proyectos
CMT Guatemala



Comments :

  1. SILVIA MEJIA dice:

    Muchas veces trato de comprender y ponerme en los zapatos de cada uno de estos niños, pero no puedo, porque mi vida ha sido diferente… quisiera ayudar pero no se como porque no sé a cabalidad que es lo que más necesitan, porque necesitan tantas cosas! materiales y espirituales. A veces, para acallar mi conciencia trato de pensar como un “buen Cristiano” voy a orar por ellos, realmente la tarea que tenemos por delante es grande y que el Señor nos ayude y nos guíe para realizarla y hacerlo bien… muchas gracias Liz por tus palabras que son, para mí, siempre hermosas.

  2. Sandra Trujillo dice:

    Creo que nuestro pensamiento humano es incapaz de entender porque pasan estas situaciones, y mas a niños quienes tendrían que jugar en vez de trabajar o pedir limosna para poder mantenerse, debemos pedir a Dios que nos guié como cristianos a saber cual es nuestro papel en estas situaciones y poder ser de ayuda verdadera en la sociedad, marcando una diferencia.

  3. Nathalie Fast dice:

    Me impactan mucho las realidades tan difíciles que a tantos de nuestros niños les toca vivir! Es difícil imaginarse o incluso ver cómo hacen para sobrevivir. Mi realidad tampoco ha sido ni es así pero eso no me quita responsabilidad. Si fuese por mí, me llevaría a todos esos niños a mi casa para suplirles todo lo que no tienen pero tampoco esa es la solución. Que Dios nos dé sabiduría y la valentía necesaria para estar en los lugares donde tenemos que estar y hacer lo que Él nos pide que hagamos!

  4. Sofía Delgado dice:

    Creo que historias como esas me llevan primero que nada a ser infinitamente agradecida con Dios por la forma en que crecí y todas las bendiciones que recibo de El cada día. Ante realidades tan duras en muchos países latinoamericanos pienso que como nuevas generaciones es hora de marcar la diferencia y empezar a trabajar sabiendo que de la mano de Dios todo es posible. Pienso que se puede empezar con cambios pequeños; pero que seguramente marcarán una diferencia en las vidas de los niños y de quienes estemos dispuestos a caminar a su lado.

  5. Nancy Herrera Perez dice:

    Es tan increíble encontrar a niños que la vida les a echo madurar a golpes grandes sin ellos haberlos buscado, ello le hacen sentir a uno que el niño inmaduro y caprichoso es uno
    muchas veces uno se comporta como niños verrinchudos porque Dios no le contesta sus peticiones de tener un carro ultimo modelo o algo así. y me pregunto por que los inocentes sufren lo que los culpables deberían de sufrir? porque ellos tienen que pagar una consecuencia de las malas decisiones de otros.pero llega a mi mente y me recuerdo que Dios es soberano. y que yo puedo hacer algo para cambiar el futuro quizá no de todos pero puedo empezar a cambiar con la ayuda de Dios mentes de jóvenes que pronto se convertirán en matrimonios con hijo. y que ellos no tomen malas decisiones que luego los hijos paguen.

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