Y me seréis testigos…

Guatemala, Iglesia, Juventud, Ministerio, Pobreza Extrema, Reflexiones, Violencia

Hace ya varios años que esto sucedió, pero hoy el Señor lo trajo a mi mente… Caminaba junto a la directora de una fundación en las calles de un asentamiento en la ciudad de Guatemala, cuando un muchacho, extremadamente afectado por los efectos de las drogas, se acercó a nosotras con un cuchillo grande en la mano. Ni siquiera tenía fuerzas para sostener el cuchillo. Caminaba tambaleándose, pero su mirada era penetrante. Movía su mano por el peso del cuchillo, pero no dejaba de ser amenazador. La imagen frente a mí me dejó petrificada… Por el contrario, la hermana que iba conmigo, lo llamó por su nombre, y le dijo, “Présteme su cuchillo, se lo guardo acá hasta que usted esté bien.” El muchacho emitió algunos ruidos y le extendió la mano con el cuchillo. Siguió su camino y nosotras seguimos el nuestro.

En ese momento no lo comenté ni le busqué muchas implicaciones sobre espirituales o místicas. Lo vi como parte del ministerio en lugares difíciles, y la confianza que se gana al estar ahí. 

Tengo la tendencia a volver a trazar mis pasos, y decir constantemente “Hubiera sido mejor si hago esto…” o “porqué no se me ocurrió decir esto…” Tiempo después, mientras pienso en esta situación nuevamente, me doy cuenta de cuan valioso es cada personaje de esta historia: dos protagonistas y una testigo. Yo solo fui una observadora, un par de ojos atentos… Pero hay algo especial en poder reflexionar y discernir aún sin haber sido parte directa.

Muchas otras veces me he sentido así: inmóvil ante una situación que no comprendo, que pareciera peligrosa, confusa y difícil, y luego veo a Dios mostrando su gracia y extiende su mano para el bien de aquel que yo consideraba una “amenaza.” Qué especial es ver la metáfora de la mano de Dios, con una palma hacia arriba, sabiendo el nombre de cada individuo, conociendo sus necesidades y ofreciendo lo que nadie más puede dar. Qué increíble es sentir la presencia de Dios en medio de las circunstancias más confusas… y ser testigo de que Su presencia en los lugares difíciles es la que sostiene el trabajo que hemos sido llamados a hacer.

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Creo que le debo un nuevo respeto a la labor de los testigos y aún más por el mandato bíblico a ser testigos… es una partida doble: estar donde sucede la acción y comunicar al respecto. En los casos y procesos de justicia, el testigo que presencia algo y no lo comparte, no lo denuncia, no lo divulga… no es un testigo válido. Aquel que aunque quiera contribuir al proceso de justicia pero no estuvo presente, no es un testigo válido. ¡Qué bendición poder presenciar y ver lo que Dios está haciendo en estos lugares, y qué bendición poder compartirlo!

“Y me seréis testigos… hasta lo último de la tierra”

 

Liz Herrera
Directora de Medios y Proyectos
CMT Guatemala



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