Una reunión de confianza

Guatemala, Muerte, Pobreza Extrema, Reflexiones, Violencia

Esta semana, tuve la inmensa bendición de acompañar a mis queridos amigos de La Limonada en “una reunión de confianza.” Cuando caminábamos hacia el lugar, alguien preguntaba si íbamos hacia un servicio religioso, o un culto… pero el estereotipo detrás de estas palabras es tan fuerte, por lo que una “reunión de confianza” captura mejor lo sucedido esa noche y fue el nombre que una persona de la comunidad usó.

Pero era una reunión con una historia trágica detrás: hace unas semanas, (y entre diversas versiones de los hechos) nos encontramos con la terrible noticia de la muerte de dos jóvenes luego de un enfrentamiento armado. En medio de la conmoción, una bala perdida alcanzó a una tercera persona: un niño de 3 años con 8 meses de edad, alumno de una de las escuelitas dirigidas por Hna. Tita Evertsz. Desde ese día, han habido rumores, comentarios, muchas especulaciones sobre los muchachos, que enturbian aún más la historia de lo ocurrido y el ambiente, en medio del dolor y la tristeza.

El propósito de nuestra presencia en ese lugar esa noche fue para realizar una liturgia que hemos utilizado en la Estrategia de Transformación desde hace algún tiempo.  Se llama “Un momento de Bendición.” Pero más allá de lo que se experimenta en un contexto de iglesia a través de una ceremonia o servicio de consolación, este tiempo tiene un enfoque diferente: es una decisión colectiva de no callar y de buscar activamente la restauración del lugar, de la comunidad y de los presentes. Es una herramienta que hemos aprendido a usar especialmente en casos de tragedia y de violencia. Es una manera de comprometerse delante de Dios para no olvidar lo sucedido, y que la comunidad reconozca las oportunidades de prevenir que pase otra vez.
imageLos elementos de esta liturgia tienen un componente especial en el que tanto el líder como el resto de las personas participan varias veces. No es una voz únicamente. Es una armonía en la que todos se apropian de las palabras. Es una oración comunitaria guiada, que en este caso en particular, permitió a todos hablarle a Dios, reconocer su papel y oportunidad para trabajar juntos, valorar las voces alrededor, y sentir a nuestro Señor actuando a través de el abrazo de la comunidad. Es una voz colectiva diciendo “No queremos seguir así, y podemos unirnos al respecto.”

“No queremos ignorar lo sucedido.” No es “uno más.” Esa noche, nos acompañaron algunos de los padres, familiares, vecinos, amigos y personas cercanas a estas tres pérdidas… y cada uno de ellos tuvo la oportunidad de unirse a esta oración grupal.

Y esa unidad es la clave en un lugar como este: un lugar donde la cercanía se siente porque las paredes son de cartón, donde a cada cuadra las paredes cuentan las historias a través de agujeros de bala y sangre derramada…  porque las casitas son hogar a dos o tres generaciones en el mismo cuarto… y porque es un dolor compartido.  Porque familia tras familia han tenido que sufrir ese trágico dolor de perder a un ser querido por circunstancias de violencia.

Al escuchar las voces y comentarios, no podía menos que agradecer a Dios por la preciosa oportunidad de ser parte de este tiempo. No solamente fue un momento de bendición para los presentes, sino para los organizadores. En medio del dolor, el grupo reunido pudo decir con certeza que el amor se reflejaba a través de la unidad y la comunidad. Más allá de los chismes, de los rumores y las circunstancias en las que esta tragedia sucedió, Dios está mostrando su amor en medio de lo sucedido. Reunidos en un círculo, diferentes generaciones y diferentes personas pudieron hablar desde sus propios ángulos… ¿Cómo nos sentimos cuando sucede un hecho de violencia en nuestra comunidad? ¿Qué sentimos hacia Dios, hacia la comunidad? ¿Qué escuchamos, qué preguntamos, qué respondemos? Fue particularmente especial reconocer preguntas que nunca hubiéramos articulado por nosotros mismos, o escuchar respuestas de parte de un vecino o vecina que jamás hubiéramos sospechado que tenía tales pensamientos.

Una reunión de confianza es el primer paso. Un momento para hablar con Dios como grupo, sabiendo que es esa confianza y certeza con la que nos podemos acercar a Él. El “momento de bendición” es una herramienta que Dios usó en esta oportunidad, para ser parte de la sanidad y restauración en medio de una trágica pérdida. El proceso de duelo es grande y complejo, pero sabemos que en la restauración también hay un papel importante que la comunidad tiene para levantar su voz a Dios ante la injusticia y la violencia. Que el incomparable y eterno amor de Dios se siga manifestando a través de aquellos que viven, sirven y se entregan en esta comunidad, y que, a pesar de la multiplicación de la maldad, el amor no se enfríe. (Mt. 24:12-13).

Liz Herrera
Directora de Medios y Proyectos
CMT Guatemala



Leave a Reply