Ojos que escuchan y manos que hablan

Discapacitados, Guatemala, Iglesia, Niñez

No soy de las personas que se quejan por vivir en países del “cono sur,” las mal llamadas “países en vías de desarrollo.”  Por lo general, disfruto de la creatividad e ingenio para crear alternativas, de lo pintorescas que son nuestras respuestas, de las maneras en que hacemos frente a las crisis “porque ya estamos acostumbrados.”  Pero hay momentos en que vivir en países como los nuestros, se hace un tanto frustrante. Cuando voy caminando y me tropiezo, o veo alguien que necesita un acceso especial para discapacitados, es cuando más quisiera vivir en un país diferente. ¿Rampas, señales, accesos?  Son esos momentos en que busco alrededor y no hay nada. Nada.

Y es que las necesidades son tantas, y tan variadas, que el bienestar de una “minoría” (aunque la minoría es en realidad más de un millón de personas), se deja de lado ante otras prioridades más inminentes.  Esto pasa en contexto de gobierno, de sociedad y aún más a menudo, en contexto de iglesia.

El trabajo con discapacitados es tanto un reto como una bendición. Al igual que con otros grupos, se requiere un corazón especial para poder ministrar el corazón de alguien con necesidades especiales.  Hace unos años escribí un material sobre barreras que enfrentan los adolescentes sordos.  Realmente no eran barreras diferentes a las de cualquier otro adolescente:  apatía, aislamiento, conformismo, autoritarismo, dependencia… Pero si bien, ya es complejo trabajar con adolescentes, la discapacidad implicaba un reto aún mayor para afrontar. Así mismo hay barreras para cada discapacidad en particular.

Las imágenes de orfanatos con niños discapacitados eran tan difíciles de procesar-¡me sentía tan impotente y tan lejos de poder hacer algo!  Personas con limitaciones de movilidad, ciegos, niños y adultos con tantas situaciones en su contra… Al inicio, me costó trabajo entender el poder detrás del “baile” en silla de ruedas. Lo había visto en la televisión y en algunas presentaciones en centros comerciales, pero no lo comprendía. Era confuso ver sus caras de gozo en el escenario, cuando había sido tan difícil el recorrido desde sus casas para llegar ahí.  Después de leer, escuchar, ver y compartir con nuestros amigos de Artes Muy Especiales o Amor del Niño y otros ministerios,  ya no puedo pensar así…    Cada historia, cada individuo tiene un mensaje impactante que merece ser escuchado.  La entrega por parte de los trabajadores, las sonrisas y abrazos de los niños, las reuniones especiales, las presentaciones y las entrevistas con fundadores y directores de estos ministerios y organizaciones resuenan a pasajes del Evangelio.

Ellos son los amigos llevando a su compañero paralítico a través de techos.  Hay cojos y ciegos sentados a la mesa del banquete que no han despreciado la invitación.  Y hay brazos extendiéndose alrededor de aquellos en necesidad, mostrando misericordia, respeto, esperanza y sobre todo el amor del Padre.

Señales de dolor puede haber muchas… No podemos negar ni tratar de minimizar que una discapacidad trae consigo dolor en el individuo, que busca un sentido a su condición.  Le duele a la familia, le duele a la sociedad… Pienso que a Dios también le duele:  la discriminación, la falta de legislación, los estereotipos, los chistes, la ignorancia… sería fácil llenar este espacio con historias y casos de personas afectadas por el rechazo y marginación. Pero hay también señales de esperanza.  Y esa esperanza no lejana ni efímera. Es una esperanza que nace del corazón y motiva a la perseverancia, al valor, a la búsqueda de justicia, al empoderamiento y al reconocimiento del potencial de cada individuo.

Aunque como países estemos lejos de tener todo lo que quisieramos, podemos empezar por reconocer aquellas iglesias y ministerios que están extendiendo sus manos; y a aquellas personas que en medio de las dificultades que conlleva sus limitaciones físicas, disfrutan de la vida que Dios les da, bailando sobre ruedas, hablando con las manos y escuchando con los ojos y el corazón.

 

 

Liz Herrera
Directora de Medios y Proyectos
CMT Guatemala



Comments :

  1. Mónica dice:

    He aprendido, a través de llevar algunos años con discapacidad, que la discapacidad más que estar en el cuerpo está en la mente. Podemos lograr todo lo ya hayamos concebido en la mente, si no es de una forma es de otra, pero se puede. Es cierto que hay muchas dificultades en nuestro país, no es enteramente accesible, no hay muchas oportunidades laborales, etc, pero creo que está en nosotros el luchar contra eso, el no dejarnos vencer aunque nada cambie alrededor.

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