Lagrimas silenciosas: revelando la verdad

Guatemala, Iglesia, Muerte, Paz, Violencia

Para resaltar una de estas experiencias de nuestro trabajo en Latino América, me gustaría hacer referencia a un mensaje que enviamos hace algún tiempo. En este, se exponía sobre el “discernimiento” como una de las principales características de los “Lugares de aprendizaje” en donde podemos ver y escuchar a Dios actuando. En el proceso de discernimiento tratamos de mantener nuestros ojos abiertos al mover del Espíritu por medio de un mapeo del trabajar de Dios. Trabajamos tratando de trazar un mapa del dolor y la esperanza de la ciudad o comunidad, creyendo que esto nos ayudará a entender el corazón de Dios para ese lugar en específico.

Por eso, me gustaría compartir con ustedes uno de los procesos de mapeo que tuvimos con nuestra comunidad en la ciudad de Guatemala; usamos el proceso triple de mapeo. Hace algún tiempo, recibimos una invitación para enseñar una clase del programa de Maestría del Seminario Teológico Centroamericano, para la cual utilizamos distintos fragmentos de los cursos de la serie Salmos de la Calle. El nombre del curso era “Principios Fundamentales para la Misionología Urbana.” A esta clase asistieron 25 estudiantes de maestría representando aproximadamente 12 países Latinoamericanos.

Durante la última semana del curso programamos una visita a la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG), donde vimos los restos óseos de niños, mujeres y hombres que fueron exhumados de fosas comunes. Estas fosas se encontraron en la región del altiplano del país. Nos mostraron cráneos y esqueletos reensamblados y puestos respetuosamente sobre mesas, para que los científicos forenses pudieran examinarlos, y así determinar edad, sexo, identidad y causa de muerte. Nos mostraron orificios de bala en distintos cráneos, incluyendo el de un muchacho adolescente. Luego, ingresamos un cuarto de almacenamiento. Ahí, encontramos cientos y cientos de cajas de cartón conteniendo los restos ya inspeccionados de cientos de víctimas. Cada caja estaba etiquetada con un código numérico especial, el cual hace referencia a un sistema de archivo en donde se encuentra el nombre, aldea y el lugar específico en donde se exhumaron los restos. Algo que aprendimos fue que este laboratorio ha exhumado aproximadamente 5,000 de las 250,000 victimas desaparecidas durante el conflicto armado guatemalteco.

Para muchos de los estudiantes de maestría del SETECA, fue la primera vez que entraron en una herida profunda y sangrante por medio del proceso de mapeo de una ciudad/país.

De acuerdo a muchas de sus reflexiones escritas ellos estaban pegados a una teología que no les permitía tomar ese paso. Ellos habían sido formados por una teología que decía que el mensaje del Evangelio indicaba les había dado la oportunidad de dejar atrás el dolor y sufrimiento, en vez de tener una licencia para entrar y abrazarlo. En el trabajo “secular” de la FAFG fuimos confrontados por la realidad de que el Espíritu Santo está revoloteando en medio de una herida profunda y sangrante a nivel nacional— El Espíritu invitándonos a llegar y bailar en el medio de un inimaginable dolor y sufrimiento. El curso de SETECA en el cual esta experiencia de mapeo se llevó a cabo se llamaba “Fundamentos Básicos de la Misión Urbana.” No hay nada más fundamental para el principio de una misión urbana efectiva que el descubrimiento que si la Palabra, verdaderamente, honra al Mundo prestando atención a su dolor, esperanza y miedo, entonces tal vez podríamos hacer bien al utilizar la mayor parte de nuestro tiempo escuchando a quienes servimos.

Estando cerca del tiempo para concluir con nuestra visita a la FAFG, se nos dirigió a un pequeño espacio afuera del laboratorio, donde un sin número de sacerdotes mayas han llegado a ofrecer sacrificios y ceremonias por parte de las víctimas antes de que sus restos sean devueltos a los familiares. Nos ubicamos en es lugar como clase, en un plano donde podíamos ver mesas tras mesas donde los esqueletos estaban cuidadosamente colocados. En ese lugar tuvimos un Momento de Bendición—una liturgia pública para las víctimas de homicidios, a favor de las 250,000 víctimas del conflicto armado en Guatemala. Algunos de los miembros del equipo de la FAFG se unieron a nosotros para ese Momento de Bendición. Cuando estaba repartiendo las partes de la liturgia, le pedí a uno de los miembros guatemaltecas de la clase que leyera la oración final. Pero cuando dije el su nombre (Liz), uno de los miembros del equipo de la FAFG llamado Luis creyó que yo había mencionado su nombre. Entonces, él comenzó a leer la oración para cerrar el Momento de Bendición diciendo estas palabras:

“Amados de Dios, dejen este lugar en amor. Dejen este lugar en paz. No busquen pagar a nadie mal por mal. Den fuerza al de corazón roto, y sostengan al débil. Ámense unos a otros como Dios los ha amado. Así como este es hogar para muchos de nosotros, es también hogar para Dios. Que Dios bendiga a este lugar y a cada uno de nosotros también. Vayamos en paz. Amen.”

Irónicamente, fue alguien del equipo de la FAFG que dirigió al grupo al recitar la bendición de cierre, en vez de ser un pastor de una iglesia guatemalteca. Metafóricamente la FAFG como una institución secular estaba recitando una oración que la iglesia debería estar haciendo. A veces pareciera que la iglesia no tiene una teología de misión que le permite orar ese tipo de oraciones porque no está tocando ese tipo de dolor. Al mapear el dolor y esperanza en nuestro país, nuestra oración es que la iglesia guatemalteca siga el ejemplo de nuestros queridos y valientes amigos de la FAFG al pararse en las heridas sangrantes de esta nación. Es necesario que se comience a orar, abrazar y reflexionar acerca del dolor de una nación, para que las lágrimas permanezcan silenciosas.

 

Joel VanDyke
Director
CMT Guatemala



Comments :

  1. Liz dice:

    Prensa Libre realizó un reportaje interesante sobre este tema hace poco. http://www.prensalibre.com/noticias/Victimas_de_la_barbarie_0_678532159.html

  2. Nathalie Fast dice:

    Creo que nunca nos han enseñado a ser sensibles al clamor y al dolor de un lugar o de una ciudad. Como bien escribe Joel, nos han enseñado a dejar atrás todo eso y a enfocarnos en el hoy y ahora y en los vivos, sin entender muchas veces como el dolor los ha marcado y cómo ellos también claman. Haciendo el mapeo del dolor y de la esperanza de un lugar, creo que podemos ser mucho más estratégicos, lograr impactar más fuertemente con el evangelio y ser mucho más relevantes como iglesia en una sociedad necesitada que clama por esperanza!!

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