Justicia: ¿Un río que nunca se seca?

Guatemala, Mujeres, Niñez, Una Palabra desde Abajo

En la ciudad de Guatemala está sucediendo algo asombroso. Un pequeño grupo de mujeres ha estado implorando por el retorno de sus hijos robados que ahora viven como niños adoptados en Estados Unidos. El caso ha estado en la mirada pública desde hace varios meses, y sigue inconcluso. La esposa de uno de nuestros miembros de nuestra red, Steve Osborn, se unió el año pasado a un valiente y desesperado clamor por justicia. Usted puede ver, a continuación, el video que describe el motivo de esta lucha. (Click aquí).

Nuestra comunidad misional en Guatemala y algunos de nuestros internos han estado aprendiendo acerca de temas de justicia y también apoyaron estado apoyando a estas mujeres a través de visitas, oraciones además de ayudarles a compartir sus historias con el mundo. Compartimos aquí el apasionado grito de Steve Osborn escribiendo una reflexión sobre este tema.

JESUS Y LA MADRE DE UN NIÑO ROBADO
¿Qué harías si alguien robara tu hijo? ¿Qué harías si supieras donde está tu hijo robado? Como hombre de pura sangre roja estadounidense, que cree en la verdad, la justicia y el sistema de mi país, yo tomaría mis armas constitucionalmente seguras, e iría a resolver el problema. Si esta no fuera la mejor táctica, entonces iría a mi policía, al FBI, o Interpol si fuera necesario, y ellos, con seguridad, escucharían mi caso, o mis congresistas y senadores estarían todos ocupados en el caso. Yo tendría a mi hijo de regreso. Cuando algo malo nos sucede a nosotros, que somos privilegiados y que contamos con recursos, vamos a conseguir justicia.

Ahora trata de imaginar que tú eres una pobre mujer cackchiquel en Guatemala. La última cosa que tú recuerdas es que una mujer te ofreció una bebida fría en un día muy caluroso, y que esa mujer se ofreció a ayudarte durante el recorrido desde tu parada de autobús hasta la parada que tomarías para llegar a la casa de un familiar tuyo. Al ver tu Biblia ella comentó que también era cristiana como tú. Ahora te das cuenta que ella te drogó y robó tu hija. Cuando fuiste a la comisaría, los policías se rieron de ti. El Ministerio de Justicia sospechó que tú eras una de esas mujeres que vendió a su bebé, y que ahora, cuando te has dado cuenta de que los abogados te han engañado y no han cumplido con lo prometido, quieres reclamar. El español no es tu lenguaje materno, así que se te hace difícil explicar tu situación. Las autoridades te humillan en vez de ayudarte. Entonces descubres que tu hija fue entregada a gente en otro país. Tú la identificas de entre una serie de fotos que te han mostrado. Pero aún así, nadie hará nada. Justicia es una palabra que no tiene sentido en tu mundo.

Cuando pienso en la encarnación de la Palabra de Dios, y el hecho de que Jesús nos invita a seguirle en el ministerio a los pobres, los quebrantados de corazón, los cautivos, aquellos que están atados y afligidos, ¿qué creemos realmente que Él nos está pidiendo que hagamos? ¿Cómo llegar a ser sal aquí? ¿Cómo obraría la luz del mundo en la oscuridad de la experiencia de estas mujeres? Hace un año, mi esposa Shyrel decidió sentarse al lado de Raquel Par, la mujer descrita anteriormente, durante días, y no hacer nada: ni siquiera comer. El mundo lo llama huelga de hambre, pero Shyrel y Raquel lo llaman ayuno y oración. Se sentaron en los escalones de la Corte Suprema de Guatemala. Ellas estaban buscando justicia. Se veían tan vulnerables allí, en una pequeña carpa durante la noche. El Palacio de Justicia, elevándose por encima de ellas, está herméticamente cerrado con un sistema de seguridad de alta tecnología. Se ven tan indefensas durante el día también. Entre el ajetreo y el bullicio de los demandantes y solicitantes de la alta Corte, ellas mantenían una actitud humilde y una vigilia de corazón quebrantado.

La determinación de Shyrel de hacer esto ha trasladado nuestra discusión teológica de la teoría a la realidad. ¿Cuáles fueron sus motivos para hacer esto? Creo que al final, ella sabe que esto es lo que Jesús haría por ella. Ama a tu prójimo como a ti mismo. ¿Cómo es el amor cuando la hija de tu prójimo fue robada y las autoridades no harán nada? Ella exige la encarnación en acción, ¿no? Raquel no necesitaba un sermón o algún texto de prueba para sentirse mejor, siendo que su fe es increíblemente sólida. Lo que ella necesitaba era una amiga encarnada, mientras ella espera en Dios. Ellas hablaban durante la larga vigilia y encuentran increíble gozo y confianza en Jesús. Raquel habla tranquilamente de que quiere ver el propósito de Dios en todo esto. Ella no exige una explicación, sino mas bien, desea ver el bien que el Señor ha prometido.

Las comunidades misionales de CMT en Latinoamérica están siendo formadas y nutridas, y estamos tratando de aprender lo que el profeta Amós quiso decir cuando escribió: “Yo aborrezco sus fiestas religiosas, no me agradan sus cultos solemnes. Aunque me traigan holocaustos y ofrendas de cereal, no los aceptaré, ni prestaré atención a los sacrificios de comunión de novillos cebados. Aleja de mí el bullicio de tus canciones, no quiero oir la música de tus cítaras. ¡Pero que fluya el derecho como las aguas, y la justicia como arroyo inagotable!” (NVI)

Steve y Shyrel Osborn están dándonos un curso intensivo en lo que se observa como un grito de justicia, y somos fuertemente empujados a encontrar muchos en el Cuerpo de Cristo dispuestos a considerar las palabras de Amós en este asunto o, tristemente, en cualquier otro asunto de justicia por los marginados en Latinoamérica. Quizás Helder Camara (1909-1999), Arzobispo de Brasil, puede ayudar a arrojar algo de luz sobre estos temas en Latinoamérica, tal como él citaba con frecuencia: “cuando alimento a los pobres, me llaman santo, pero cuando pregunto por qué los pobres tienen hambre, me llaman comunista.”

Nuestros amigos de la Misión Internacional de Justicia nos cuentan que fue fundada hace muchos años, en parte como respuesta a un estudio de investigación ofrecido por Evangélicos, el cual encontró que, en un año, mientras 5.7 billones de dólares eran gastados en evangelismo y 9.4 billones de dólares se gastaba en asistencia humanitaria, no había NADIE gastando en asuntos relacionados con la injusticia en el mundo.

Hace cientos de años el profeta Amós tuvo una visión de un “río de justicia” que nunca se secaría. Hoy Steve y Shyrel Osborn nos están llevando a esta misma “visión del río,” permaneciendo al lado de otros para ayudarles a que lo vean, para regocijo en medio de un controversial problema existente en la ciudad de Guatemala. Ellos están reflejando, en sus acciones, el mero corazón de Dios. La pregunta, para mí, sigue siendo, ¿Dónde está el resto de la iglesia en la comprensión y realización de esta visión?

Joel Van Dyke
Director para América Latina
Estrategia de Transformación.



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