El gozo de un abrazo recíproco

Biblia, Iglesia, Ministerio, Proyectos, Reflexiones, Una Palabra desde Abajo, Unidad

En el prefacio de su libro Exclusión y Abrazo, Una Exploración Teológica de Identidad, Alteridad y Reconciliación, el teólogo Miraslov Volf comparte un encuentro donde Jurgen Moltmann le preguntó, “¿Puedes abrazar a un chetnik?”

Los chetniks eran combatientes serbios que a principios de los años 90 habían ido devastando Croacia, la patria de Volf, destruyendo ciudades, arrojando las personas a campos de concentración, violando a las mujeres y quemando iglesias. Justo antes de la pregunta de Moltmann, Volf había estado dando conferencias acerca de la necesidad de aceptar a los enemigos como Dios nos ha aceptado en Cristo. Por tanto, cuan dispuesto estaba a tomar esta línea de razonamiento cuando se tornó realmente personal? Moltmann imaginó que todo sonaba bien en teoría pero ¿podría Volf  llevarlo hasta el punto en que sería capaz de aceptar un chetnik?  ¿El MENOS aceptable?

Volf respondió, “No puedo – pero como un seguidor de Cristo, creo que debería ser capaz de hacerlo.”

En las últimas semanas y meses, ha habido varios ministerios e individuos en las comunidades misionales de líderes de base en las que servimos en Centroamérica que se han encontrado así mismos en contra de sus propios grupos “chetniks” Centroamericanos. Estos grupos de personas han estado sembrando destrucción y depredando los barrios que nuestros amigos aman y los lugares donde están desarrollando sus vidas.

¿Qué significa seguir a Jesús cuando nos dice que debemos “amar a nuestros enemigos?” Es una cosa a considerar esto como un “concepto” o “principio” objetivo, pero otra muy distinta cuando su vida y la de sus hijos está siendo amenazada por “chetniks” en Croacia o en San Salvador. Esta es la realidad de que varios de nuestros amigos en Centroamérica han encontrado en los últimos meses. Volf comparte su batalla personal interna sobre el tema con honestidad desgarradora cuando escribe: “Sentí que mi fe estaba en desacuerdo con ella misma, dividida entre el Dios que entrega a los necesitados y el Dios que abandona al Crucificado, entre la demanda de lograr la justicia para las víctimas y el llamado a abrazar al perpetrador.”

¿Un llamado a abrazar al perpetrador? ¿Puede eso ser realmente un llamado? ¿Cómo se supone que voy a abrazar a alguien que amenaza con quitarme la vida y lastimar y matar a la gente que más quiero en este mundo?

Una de las imágenes que hemos explorado mientras tratamos de averiguar lo que podría significar vivir en el llamado a “abrazar al perpetrador” es el acto humano del abrazo físico. En el libro antes mencionado, Volf describe lo que él llama “El drama del Abrazo.” Considere las implicaciones teológicas al amar a nuestros enemigos que se puede ver en el acto físico de un abrazo.

Hay cuatro elementos estructurales en el movimiento de un abrazo. Ellos son: (1) la apertura de los brazos, (2) la espera, (3) el cierre de los brazos y (4) abrirlos de nuevo.

Acción 1 es la apertura de los brazos.
Volf describe los brazos abiertos en un abrazo como el “código del deseo” por el otro. Los brazos abiertos hacia otra persona indican que usted ha creado un espacio para que el otro venga y ha hecho una invitación hacia el espacio del otro. Es el “golpe suave” en la puerta del corazón del otro.

Acción 2 es el período de espera.
Aquí hay un “deseo mantenido bajo control,” como el iniciador con los brazos abiertos espera la respuesta de la persona a quien se le ha extendido la invitación. ¿Se moverá el “otro” hacia los brazos abiertos extendidos del iniciador que espera? Aquí reside una gran diferencia entre abrazar y comprender. La diferencia se encuentra en la paciencia y la disciplina del tiempo de espera.

Acción 3 es el cierre de los brazos alrededor del otro.
Aquí se encuentra el objetivo de abrazo, el tiempo de la morada mutua. Dos espacios individuales y separados han sido invadidos entre sí. La clave de este paso es el de la reciprocidad, sostener alguien y también ser sostenido por el otro. En un abrazo “el huésped es un invitado y el invitado es un huésped.” Se necesita, después de todo, dos pares de brazos para un abrazo y el acto es un lazo de ternura que no se debe pervertir con un molesto, forzado ” abrazo de oso.”

Acción 4 es la apertura de los brazos otra vez.
Para que un abrazo este completo se debe abrir los brazos nuevamente. El final de un abrazo es, en cierto sentido, el comienzo de otro abrazo, el objetivo final de un abrazo con el enemigo no es la fusión de dos “personas diferentes” en un “todo,” sino más bien la celebración de dos “personas distintas” invadiendo el espacio del otro por un momento de intimidad y unidad que dejará una huella permanente en cada uno.

Por lo tanto, si estas son las mecánicas físicas de lo que llamamos un abrazo, ¿qué tiene que ver esto con el enemigo? Es fácil celebrar la alegría y la calidez de un abrazo recíproco con un amigo o un familiar querido, pero ¿puede usted aceptar a los chetniks en su vida? ¿Los “inaceptables” que tratan de destruirlo y arruinarlo? Esta es una pregunta hermosa, pero también intensamente difícil.

Una espiritualidad cruciforme (una espiritualidad moldeada por la muerte de Jesús en la cruz), incluye no sólo al que es un amigo, sino también al otro que es el enemigo. Tal espiritualidad, escribe Volf, “tratará de abrir sus brazos hacia el otro, incluso cuando el otro sostiene una espada.”

Eso es exactamente lo que nuestros amigos de Centroamérica han hecho. Ellos han tomado las precauciones necesarias para protegerse a sí mismos, sus seres queridos y sus bienes, pero en el proceso no han bajado sus brazos extendidos, esperando contra todos los pronósticos el gozo de un abrazo recíproco.

Hace unos meses una joven mujer compartió conmigo un correo electrónico haciendo una crónica de su experiencia con la extensión de sus brazos hacia los “chetniks” de su comunidad. El barrio “chetniks” a quien ella había extendido sus brazos correspondió después de varios meses cuando le hizo una gran fiesta sorpresa de cumpleaños. Ella estaba eufórica por la alegría de recibir su abrazo.

En otra ocasión, una amiga y líder ministerial hizo un llamamiento a sus  colaboradores para ayudar a financiar una iniciativa especial dirigida hacia un grupo “chetniks” odiado en su comunidad. Recibió muy pocas respuestas a su petición, pero una fue muy notable. Una anciana viuda pobre contestó diciendo que ella y sus hijos adultos sentían que Dios insistencia en que dieran una ofrenda mensual para el proyecto. Esto fue muy notable, porque nos enteramos más tarde que ella y su familia habían sido personalmente aterrorizados por este grupo “chetniks” e incluso habían perdido un miembro de la familia debido a su violencia. Al apoyar el proyecto, optaron por ampliar sus brazos hacia los otros que tienen una espada.

O bien, tomemos la lección enseñada por el ejemplo de un niño de diez años. Al enterarse de que su vida y la de madre habían sido amenazadas por un grupo “chetniks” de su barrio, escribió una bella oración en su diario que su madre compartió conmigo. El pide en su oración que el Señor perdone al joven que hace las amenazas (él lo menciona por su nombre) y que se diera cuenta de lo mucho que lastimaba a otras personas. Pidió que Dios que le mostrara el error de sus caminos y que encontrara la verdad del amor de Dios, incluso para él. Me quedé asombrado al leer las palabras de un niño de 10 años pidiendo a Dios que perdone a un “chetnik” que amenazaba con matar a él y su madre.

En otra ocasión, hace poco, me enteré de un equipo de liderazgo ministerial en otro de nuestras cohortes de Centroamérica que habían pasado por un período de amenazas de extorsión de extrema gravedad. La líder de este equipo ministerial me llamó para decirme que ella y su equipo habían pasado dos horas en oración enfocadas solamente en los “chetniks” que amenazaban con matarles. Con una profunda sinceridad en su voz me dijo, “Joel, fue hermoso. Dios nos dio tanto amor para estos jóvenes esta noche. Los amos, a todos ellos. Estamos llenos del amor de Dios por ellos.” Las amenazas no habían cesado, la situación está lejos de cualquier tipo de resolución favorable, pero esta lider y su equipo ministerial han decidido extender sus brazos a un grupo de “inaceptables” que agitan espadas y amenazan sus vidas.

Me siento honrado y retado por los líderes de base a los que tenemos el privilegio de servir aquí en Centroamérica. En relación con los “chetniks” en mi vida, personalmente daría la misma respuesta que Volf dio a Moltmann, “No, no puedo  – pero como un seguidor de Cristo, creo que debería ser capaz de hacerlo.”  Mis héroes en Centroamérica  durante los últimos meses me han mostrado el camino de la Cruz. Una cruz en la que fue clavado a un Salvador con brazos extendidos y que se abrieron hacia una humanidad  “chetniks.”

Mis amigos en Centroamérica, siguiendo el ejemplo de Cristo, de pie, con los brazos abiertos extendidos pacientemente a la espera de que algún día entren al gozo de abrazo recíproco. Alguien escribió una vez que el perdón es el olor que deja una flor en el talón que le ha aplastado. He tenido la bendición en estos últimos meses de ser testigo de como unas flores muy hermosas dejando una dulce fragancia de perdón en los talones que tratan de aplastarlas.

“Abrazar es gracia, y gracia es jugar, siempre.” (Lewis Smedes)



Comments :

  1. William Quiñónez dice:

    Yo había estado buscando por años el significado de un verdadero abrazo, aunque tengo la costumbre de abrazar a todos mis chicos de la iglesia siembre estaba con la duda de qué significa sentir un verdadero abrazo. Desde quen abrimos el Centro de Alcance (vamos a cumplir 5 años) yo veía como esos niños sucios, mal vestidos, sin zapatos, mal holientos y sin apartente esperanza abrazaban a mi cuñada Mimi. Siempre que veía esta escena me quedaba reflexionando y me decía ¿Qué mueve a esos niños a abrazar a Mimi con tanta euforia y espontaniedad? ¿Qué hay en ella? ¿Qué les da? Hace un par de años estos niños empezaron a hacer lo mismo conmigo. Y ahora me pregunto ¿Qué los mueve a abrazarme? ¿Qué hay en mi? ¿Que les he dado? No encuentro respuestas a mis incógnitas.
    Lo que sí puedo decirte con con toda certeza es que, JAMÁS había sentido el abrazo de Jesús como me lo han hecho sentir estos niños. Ahora se y siento como es un verdadero abrazo, cómo se siente que te abrace Jesús. El abrazo de estos niños tan especiales ES EL ABRAZO DE JESÚS.

    Dios te bendiga mi querido amigo y maestro.

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