Cantando la canción del Señor en tierras extrañas

Dice el salmista: “¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?” (Salmos 137:4). Esta es una hermosa pregunta que brota del corazón de un poeta que lucha por vivir en una tierra extraña (Babilonia) aquello que sabe que es cierto en un contexto más familiar (Jerusalén). Esta pregunta ha estimulado a comunidades misionales de líderes de base en América Latina que se encolumnan bajo el estandarte de la Estrategia de Transformación (EdT).

Estamos aprendiendo cómo leer la Biblia, no a ni para aquellos a quienes servimos, sino con ellos, los que han sido erróneamente etiquetados como los menos, los últimos y los perdidos. La creencia que sostiene este enfoque es que la gracia es como el agua: fluye cuesta abajo e inunda los sitios más bajos. Estamos aprendiendo a ver la gracia de Dios inundar lugares de extrema pobreza y violencia.

Los valores teológicos fundamentales del EdT están conformados por la misión “encarnacional” de Jesucristo. En la encarnación de Jesús –todo lo que hizo y dijo, y su muerte y resurrección para salvarnos de nuestros pecados– la intimidad de lo humano y lo divino se hace realidad en toda su plenitud. La encarnación une lo que el mundo divide. El ministerio que espiritualiza y subestima los problemas reales que enfrentamos en el mundo físico no se ajusta a la verdad de las doctrinas de la creación y la encarnación. El ministerio bíblico, encarnacional, es radicalmente holístico: afecta el cuerpo y el alma. Produce como respuesta la transformación personal y el cambio sistémico; promueve la rectitud y la justicia. Establece una conexión entre Dios y la humanidad, entre el cielo y la tierra, y quizá lo más difícil de todo, entre “nosotros y ellos.”


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