Gólgota: Lugar de la Calavera

El arte siempre ha sido un medio de expresión que da identidad a las personas y los grupos.

Es por eso que un joven que entra a formar parte de una pandilla se tatúa el símbolo característico de su grupo como parte del proceso de “iniciación” o ingreso a la banda. Esto me fue muy notorio hace poco, cuando vi a un joven de unos 20 años raparse el cabello. Tenía una figura de “Popeye el Marino” tatuada en la parte trasera de su cráneo. Cuando le pregunté por qué se había hecho el tatuaje, la respuesta fue más que obvia: pertenecía a la banda “los Popeyes.” Yo sólo pensaba en el dolor físico que habría experimentado ese joven cuando se hizo el tatuaje, mientras que para él lo importante era portar la imagen de su grupo. Y cuanto más notoria, mejor.

En las distintas clases de la maestría en Misión Urbana, el profesor Joel Van Dyke repetidamente nos ha enfatizado el valor y la importancia del uso del arte para la comunicación del mensaje cristiano. Nos ha recalcado que el uso de las distintas artes (pintura, música, teatro, escultura, etc.) forma parte integral del ministerio en un contexto urbano. Yo, la verdad, nunca le había puesto demasiada atención a este asunto.

Probablemente porque no soy alguien muy inclinado a apreciar las manifestaciones artísticas (con excepción de la literatura y el cine, los cuales disfruto mucho). Sin embargo, hace poco tuve que reconsiderar mi posición a este respecto para darle mayor crédito a las enseñanzas del profesor.
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Aprendiendo con los pies

Recientamente, tuve el privilegio de ayudar en un taller impartido en un colegio aquí en Guatemala. Era un colegio enorme y elegante, donde les enseñan a los estudiantes en tres idiomas. Las instalaciones son hermosas. El evento era una serie de talleres con la fundación Artes Muy Especiales – Guatemala. Ellos son parte de las organizaciones de la red de Estrategia de Transformación, y trabajan entre personas discapacitadas de diferentes edades, desarrollando sus talentos y en busca de lograr sus metas. Les ofrecen diversas clases de danza, pintura, música y otras formas de arte. Buscan desarrollar a los artistas que tal vez están en “los lugares más bajos”… Muchas personas discapacitadas se encuentran en las calles, otros abandonados por sus familias, otros encontrados en casas hogares. Otras tienen oportunidades mejores pero entienden el potencial de las artes para expresarse y tocar el corazón de otros.

 


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El baile artístico del evangelio subversivo

Odilio Guzmán es un hombre con quien me encontré brevemente en un par de ocasiones. Desde entonces, no lo he vuelto ver. El fue la primera persona que me ilustró una conexión entre el baile y el evangelio. Estaba recién casado, menos de una semana, cuando estrellé el carro de mi esposa en el camión de una compañía mientras iba volando sobre la 5ta avenida en el norte de Filadelfia. Un carro que ella realmente amaba. El verdadero problema fue que ella estaba sentada a mi lado cuando choqué con Odilio. Esa fue la primera vez en mi vida que recibí “esa mirada,” la mirada que aterra a cualquier hombre casado pocas veces en su vida.El accidente había sido completamente mi culpa. Yo iba apresurado y no pude esperar para que él terminara de hacer un giro en medio de la calle. Yo salté del carro en un intento de salvar mi pellejo frente a mi recién casada esposa, acusando furicamente a Odilio por tratar de hacer un cruce estúpido en medio de una calle tan transitada. Ni mi actitud ni mi lenguaje estaban siquiera por un poco sacudiendo al hombre. Después de todo, yo era un graduado de seminario y ministro ordenado. Por lo que se veía en el costado del carro de Odilio, él era una persona que se dedicaba a arreglar ventanas para ganarse la vida. Este incidente terminó convirtiéndose en un duelo de hombres acerca de de quién tenía el mejor acercamiento a la esencia del evangelio.