Adoptados

Guatemala, Niñez, Reflexiones

Durante años luché con definir mi postura respecto al tema de la adopción de bebés guatemaltecos. Y es que este proceso se vio empañado por irregularidades que dejaron una huella en mi percepción: entre el año 2000 y el 2005, se dieron más niños en adopción que en los 20 años anteriores, y durante años vi decenas de parejas extranjeras con sus bebés adoptivos en brazos, envueltos en procesos y mediadores que dejaban a su paso sombras de duda.

Guatemala llegó a ser el segundo lugar (solo precedido por China) en cantidad de niños dados en adopción hacia Estados Unidos.  El gobierno local suspendió el proceso de adopciones luego de descubrir diferentes casos de fraude, falsificación de papelería, analisis de ADN fallidos y denuncias por robo de bebés.

Me confundían las estadísticas, y me asombraba descubrir en las noticias casos fortuitos de separaciones forzadas. Me emocionaba escuchar historias llenas de ilusiones y sueños, y me partía el corazón imaginar que pasaría sin esta alternativa.  Y es que en este tema, no se trata solo de dos lados de una moneda:  el tema de las adopciones es como un diamante con tantas aristas, que cada destello de luz refleja una imagen que no se había tomado en cuenta antesCada vez que el sistema de adopciones o las leyes han cambiado, he tenido que tragar saliva antes de atreverme a opinar de nuevo. Y tiemblo al pensar en los reencuentros, las dudas, las diferencias, las decisiones que deben enfrentar tanto padres como hijos adoptivos…

Hoy sigo tratando de articular una respuesta cuando alguien me pregunta qué pienso sobre las adopciones. Sigo haciendo preguntas al respecto en mis conversaciones con Dios. Por el momento, lo que tengo, no es una más que un intento de ver el tema desde dentro, a través de estas líneas:

Adoptados

Somos iguales, o al menos nos parecemos.
la sangre nos une como uno solo:
somos hermanos de patria o de corazón
y sin conocernos nos reconocemos
o decimos que “yo podría ser uno más de ellos”
porque podrían ser mis hermanos, o primos, o tal vez lo somos.

A los que llegan a conocer las historias desde fuera
no les queda más que tratar de definir el sentimiento:
A veces duda, a veces tristeza, a veces consuelo.
Ante casos individuales que no tienen respuesta
buscamos dentro de nosotros mismos un porqué
y confiamos en futuros ante la falta de pasados mejores.

Algunos desde lejos asimilan mejor el concepto
mientras que a otros aún les parece tan ajeno:
y es que tal vez la carta de Gálatas tenga algo que decir:
porque compartimos la adopción como creyentes
siendo hijos, dispersos, separados y perdidos
para ser luego reencontrados en El.

Hemos vivido juntos, tal vez solo por un instante
o tal vez día a día en las calles, en orfanatos,
en asentamientos y en hogares temporales.
Me veo en el rostro de mis hermanos huérfanos,
y suspiro ante esa esperanza divina, ¡Divina!
de una nueva vida y una nueva familia.

Liz Herrera
Directora de Medios y Proyectos
CMT Guatemala



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