A su imagen y semejanza

Guatemala, Mujeres, Una Palabra desde Abajo

Tenía solamente 16 años cuando por primera vez me encontré frente a una mujer viviendo en el infierno de la violencia doméstica.  Moretones, huesos quebrados, insultos y desprecios eran parte de la vida diaria de mi amiga y compañera de la universidad. Yo era la “cristiana” del grupo de amigas, y  se supone que debía decir algo, pero durante semanas no supe que decir o hacer.  Había escuchado, leído al respecto, pero nunca había tenido que enfrentar algo así personalmente. Agradecía infinitamente a Dios por haberme librado de crecer en un ambiente así, pero me sentía tan ajena y tan confundida por no poder ponerme en sus zapatos y ayudarla.  Fue una de esas veces en que ningún pasaje bíblico, ninguna palabra de aliento y ninguna oración de fe parecieran suficientes. Tenía más preguntas que respuestas.

Cuando tengo la oportunidad de conocer, visitar o conversar con mujeres de los lugares difíciles en los cuales servimos, me doy cuenta cuán lejos estamos de ver un cambio global en este sentido.  Es desgastante y desgarrador escuchar una y otra vez las voces de las mujeres contando sus historias y buscando desesperadamente una salida, o simplemente resignándose a las circunstancias.  A veces pareciera que por cada mujer fuerte, con una autoestima sana y potencial, hay tres o cuatro que están siendo abatidas por la violencia doméstica, por el abuso y por la falta de oportunidades.

Mi amiga pudo encontrar esperanza y cambiar su situación, pero muchas otras mujeres no lo logran.

El año pasado, se registraron 15,375 denuncias sobre violencia contra las mujeres, de las cuales solo 218 alcanzaron una sentencia.  Esto es menos del 2% de las denuncias presentadas.  El año pasado se registraron más de 4,300 violaciones.  Un total de 174 mujeres fueron asesinadas en Guatemala durante los primeros tres meses de este año.  Para mucha gente, estos son solamente números en los periódicos, pero ellas no son mujeres sin nombre ante los ojos de Dios.  Ellas claman por justicia.

Recientemente, la Estrategia de Transformación en Guatemala acompañó a Ministerios Integrales para Mujeres y otros ministerios, en el desarrollo de una Jornada de Reflexión respecto a la violencia contra la mujer.  Este tema ha sido ampliamente documentado y tratado a nivel social, pero como suele suceder, la iglesia se ha limitado a escuchar, y no a levantar su voz al respecto.  Pastores, líderes, hombres y mujeres interesados en el tema se reunieron durante dos días para escuchar, aprender, discutir y analizar diferentes facetas de este problema.  El propósito de esta actividad era simple: reflexionar en cómo ver a la mujer con los ojos de Dios.  Un Dios que nos creó a su imagen y semejanza, hombres y mujeres, con un propósito y diseño especial.

Abogados, organizaciones cristianas, pastores, maestros, líderes y directores de ONGs y representantes del gobierno estuvieron presentes.

Fue impactante poder escuchar y aprender de aquellos que han dedicado sus vidas a apoyar las causas a favor de la igualdad de la mujer.  Dos días ciertamente no fueron suficientes, pero sembraron una semilla.  Hablamos de planes de acción y oportunidades.  Hablamos de necesidades inmediatas, antes, durante y después de conocer casos de violencia contra la mujer.  Escuchamos retos e historias de transformación.  Vimos al texto bíblico saltar frente a nosotros, cuanto tuvimos al Dr. Joel Van Dyke dirigiendo los devocionales que presentaron la base teológica para las conversaciones.

Fue una experiencia increíble poder recibir a casi 400 participantes, que asistieron a la Jornada. Palabras como “prevención, rescate, acciones públicas y erradicación” son parte del lenguaje común entre las organizaciones que trabajan a favor de la mujer, pero pocas veces se escuchan desde el púlpito en América Latina.  A través de esta jornada, buscamos empezar a darle al tema la importancia que merece. Para la iglesia, aún hay un recorrido largo por delante, pero se están dando pasos firmes en la dirección correcta.

En lo personal, cada día es un reto.  Sigo siendo una mujer joven que vive en el país latinoamericano catalogado por las Naciones Unidas con el más alto porcentaje de asesinatos de mujeres, y uno de los porcentajes más bajos de justicia en este tema.  Aún me frustra recordar casos como el de mi amiga de universidad o los casos que he conocido a lo largo del ministerio.  Pero me anima y me fortalece saber que hay gente levantándose, dispuesta a involucrarse en este caos y mostrando no solo un interés por este tema sino un compromiso delante del Señor para levantar la voz por aquellas que no tienen voz, en busca de justicia e igualdad.

 

Liz Herrera
Directora de Medios y Proyectos
CMT Guatemala



Comments :

  1. Susan dice:

    GRACIAS LIZ; POR COMPARTIR… NO HAY PALABRAS, SÓLO LÁGRIMAS…Y COMPROMISO DE POR LO MENOS ORAR!
    Gracias… Que Dios les bendiga.

  2. Isabel H. dice:

    Muy conmovedor el artículo, pues las mujeres somos presa fácil de la violencia en todos los ámbitos que muchos hombres ejercen sobre nosotras, sin importar si se es profesional o no…

    Le agradeceré si puede darme información al respecto o si puedo participar en el ministerio en el que ustedes se desenvuelven.

    Saludos y bendiciones a todo el equipo de Estrategia de Transformación que están haciendo una linda obra en el país.

Leave a Reply