¿La diversidad como una bendición?

Todos los seres humanos tenemos la  habilidad –y privilegio–  de relacionarnos. Para algunos es sencillo; para otros, toma tiempo. Ante  la habilidad de interactuar, también  existe  la  complejidad  debido  a la diversidad de personalidades, de caracteres, intereses, gustos, trasfondos, etc. Así, las relaciones que  se  sostienen  en  el  “ministerio”  de la iglesia no  están libres  de  tensiones, altibajos y más; pero a la vez son uno de los mejores escenarios para madurar.  Este espacio comparte una realidad diaria en el ser y hacer Iglesia. Por la gracia del Señor,  tenemos  una  guía  que  nos  orienta.  Dice  así: “… (procuremos) siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor, esforzarnos por mantener  la unidad del Espíritu mediante el vínculo de  la paz” – Efesios 4:2-3.

Es sorprendente y maravilloso leer cómo  Pablo “ruega” que sus  lectores  –judíos  y gentiles creyentes– vivan consecuentemente como pueblo de Dios, a pesar de sus complejas y naturales diferencias. Sin embargo en Cristo, y siguiendo el ejemplo de Dios mencionado en 1:3-14, es posible vivir en unidad gracias al elemento unificador: su Espíritu.  Creo, en primer lugar, que es necesario aceptar  la diversidad como una bendición para aprender de los demás. ¿Qué sería de nosotros si  fuésemos iguales? ¿Dónde estaría lo fascinante y formativo si tuviésemos el mismo nombre, el mismo apellido, la misma  habilidad, la misma debilidad, el mismo gozo, la misma adversidad? La diversidad no  amenaza; por el contrario, enriquece. Porque  puedo  crecer aprendiendo a ser como el otro, y viceversa. En la relación ministerial, el proceso es de mutua transformación: soy transformado en la medida que el otro lo es.
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Adoptados

Durante años luché con definir mi postura respecto al tema de la adopción de bebés guatemaltecos. Y es que este proceso se vio empañado por irregularidades que dejaron una huella en mi percepción: entre el año 2000 y el 2005, se dieron más niños en adopción que en los 20 años anteriores, y durante años vi decenas de parejas extranjeras con sus bebés adoptivos en brazos, envueltos en procesos y mediadores que dejaban a su paso sombras de duda.

Guatemala llegó a ser el segundo lugar (solo precedido por China) en cantidad de niños dados en adopción hacia Estados Unidos.  El gobierno local suspendió el proceso de adopciones luego de descubrir diferentes casos de fraude, falsificación de papelería, analisis de ADN fallidos y denuncias por robo de bebés.

Me confundían las estadísticas, y me asombraba descubrir en las noticias casos fortuitos de separaciones forzadas. Me emocionaba escuchar historias llenas de ilusiones y sueños, y me partía el corazón imaginar que pasaría sin esta alternativa.  Y es que en este tema, no se trata solo de dos lados de una moneda:  el tema de las adopciones es como un diamante con tantas aristas, que cada destello de luz refleja una imagen que no se había tomado en cuenta antes
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Justicia restaurativa

Cuando éramos niños, la explicación era más sencilla: si tomaste un lápiz de alguien, lo devuelves. Justicia retributiva.

Era un concepto sencillo, pero con el pasar de los años, la idea de justicia se fue haciendo más compleja ante nuestras diferentes realidades. Apareció el tema del castigo… No poder ver televisión, no poder hablar por teléfono, era entendible ante la desobediencia. Antes seguramente no me hubiera hecho sentido que alguien estuviera en la cárcel por haber robado, pero con los años, el concepto de castigo y justicia punitiva se hicieron más comunes. Pero, a pesar de que la Biblia habla de ambos casos, no se limita solo a ellos… también nos abre los ojos a una tercera vía: la justicia restaurativa. Y es que la justicia viene en diferentes formas, y éstas no son excluyentes la una de la otra. La justicia restaurativa es tal vez la menos conocida, y la que me ha tomado más tiempo de procesar, de digerir… pero en un país donde los índices de casos resueltos por el sistema son el 2% de los que se procesan, realmente es esperanzador poder ver la justicia con nuevos ojos.
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