¡Me siento bien!

Si nos permiten esta semana presentar una reflexión que es más larga de lo  que solemos escribir. Es importante para nosotros porque el fin de semana pasado en la ciudad de Guatemala perdimos a un gran amigo y colega que amaba a los no amados de su ciudad con temerario abandono y pasión desenfrenada.

Hace unos seis años, mi esposa Marilyn y yo conocimos a Ítalo Castro después de que unos amigos nos hablaron de un payaso profesional que tenía un ministerio con niños de la calle. Una noche dejamos a nuestros hijos con una niñera en la comodidad de nuestra casa y salimos con Ítalo a conocer a algunos jóvenes que llaman a las calles su casa. Fue una experiencia que marcó profundamente nuestras vidas.

 



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