Pobreza, diversidad y justicia social

Durante años, los entrenamientos de CMT y Estrategia de Transformación se impartieron en un ambiente informal sin ningún grado académico ligado a ninguna parte del menú de entrenamientos.  Al avanzar los años, hemos continuado enseñando de esta manera con nuestras redes de líderes, pero también hemos sido invitados más y más veces a proveer nuestros contenidos como parte de la educación formal de otras instituciones.  Este proceso inició en Nairobi, Kenya, en donde una alianza con Bakke Graduate University (BGU) cuenta actualmente con 33 estudiantes de maestría y doctorado cursando créditos en el programa de Liderazgo Urbano Global. También hay cohortes de BGU/CMT con estudiantes de maestría en Anchorage, Alaska, y Cincinnati, Ohio.

En América Latina, fuimos invitados hace varios años por el Seminario Teológico Centroamericano en la Ciudad de Guatemala (SETECA) para desarrollar un énfasis en Misión Urbana, usando nuestro menú de entrenamientos como parte del previamente establecido grado de la Maestría en Ministerio.  El deseo de muchos es que éste énfasis se expanda a una Maestría a escala completa, con el grado en Ministerios Urbanos. Actualmente estamos enseñando dos cursos intensivos al año en Seteca, y justo la semana pasada completamos el módulo del curso llamado “Pobreza, Diversidad y Justicia Social en América Latina.”

Ron y Linda Ruthruff vinieron de Seattle para estar con nosotros durante una semana, junto a Liz Herrera y un servidor, tuvimos a nuestro cargo el curso para estudiantes de Maestría y Doctorado, representando los países de Costa Rica, Guatemala, Colombia, Uruguay, Bolivia, Honduras, Argentina, El Salvador, México, Cuba, Haití y Estados Unidos.

Fue una experiencia increíble poder conectar y compartir una sólida combinación de tiempo en aula, invitados y charlas especiales y excursiones, utilizando la ciudad misma como la incubadora de exploración y reflexión teológica. Pasamos un día con los amigos menonitas, que nos dieron a conocer su compromiso a los principios de la Justicia Restaurativa; que proviene de la tradición anabautista. También recibimos en el aula a tres abogados que presentaron el trabajo que realizan en contra de las injusticias hacia las mujeres en nuestro país.

Un estudio global de desigualdad de género, realizado por el Foro Económico Mundial, enfocado en la falta de oportunidades y la violencia contra la mujer, ubicó a Guatemala en el lugar 111 de 134 países, siendo el último lugar en América Latina.  Estos abogados compartieron con nosotros su lucha solitaria  en contra de la creciente ola de injusticias contra las mujeres en nuestro país y su honesta frustración con la falta de compromiso e incluso interés de parte de la iglesia en estos temas.  En un momento, se le preguntó a una de esas abogadas, qué haría respecto a las injusticias contra las mujeres, si ella fuera pastora en una iglesia en Guatemala.  Su rostro se iluminó y toda su respuesta fue tan vivaz al dar un paso al frente y dar una hermosa exhortación acerca de las necesidades reales de las mujeres en el país, y dando un reto articulado, conmovedor y profundo acerca de cómo debe responder la iglesia.

El último día de clase, pasamos un par de horas en una “sala,” a los pies de unos “profesores” sorprendentes.  Caminamos fuera de las instalaciones del seminario, cruzamos la calle y atravesamos una puerta rodeada de paredes pintadas con graffiti.  Este lugar es conocido como “el tanque” y es el hogar de más de 35 jóvenes de la calle, que viven y se mantienen justo fuera de las puertas del Seminario.  Los jóvenes nos recibieron calurosamente en la “sala” de su casa, y nos permitieron hacerles algunas preguntas, para intentar aprender de sus historias.  Esta experiencia terminó con un almuerzo que compartimos, para luego, regresar al “otro lado de la pared,” en el aula, a desempacar lo que la experiencia nos había enseñado.  El jardín del conocimiento académico fue regado por lágrimas de pasión y un compromiso renovado al reflexionar en lo que sucede cuando conceptos sociológicos y teológicos cobran vida en personas e historias en medio de obstáculos inimaginables.

Una vez más, aprendimos que hacer preguntas hermosas a la ciudad, es mucho más efectivo que traer a la ciudad una lista de respuestas predeterminadas.  La ciudad está convirtiéndose para nosotros, de maneras formales e informales,  en un salón de clase, una parroquia y un parque de juegos. Estamos agradecidos por el número de aliados institucionales que han tomado nota de la importancia y relevancia del liderazgo informal, al nivel de la calle, en agentes de transformación; a través del cual nos hemos conectado y a lo largo de los años, hemos abierto brecha (con los riesgos inherentes) para conversar y avanzar paso a paso hacia arriba, hacia los vestíbulos sagrados de la educación formal.  Tenemos por seguro, que la semana pasada fuimos grandemente bendecidos  al sentarnos en la intersección de la academia y la participación en la calle, a través de una profunda conversación  alrededor de los temas de pobreza, diversidad y justicia social,  con la ciudad misma como salón de clase y como maestra.

Joel Van Dyke
Director
Estrategia de Transformación

El gozo de un abrazo recíproco

En el prefacio de su libro Exclusión y Abrazo, Una Exploración Teológica de Identidad, Alteridad y Reconciliación, el teólogo Miraslov Volf comparte un encuentro donde Jurgen Moltmann le preguntó, “¿Puedes abrazar a un chetnik?”

Los chetniks eran combatientes serbios que a principios de los años 90 habían ido devastando Croacia, la patria de Volf, destruyendo ciudades, arrojando las personas a campos de concentración, violando a las mujeres y quemando iglesias. Justo antes de la pregunta de Moltmann, Volf había estado dando conferencias acerca de la necesidad de aceptar a los enemigos como Dios nos ha aceptado en Cristo. Por tanto, cuan dispuesto estaba a tomar esta línea de razonamiento cuando se tornó realmente personal? Moltmann imaginó que todo sonaba bien en teoría pero ¿podría Volf  llevarlo hasta el punto en que sería capaz de aceptar un chetnik?  ¿El MENOS aceptable?

Volf respondió, “No puedo – pero como un seguidor de Cristo, creo que debería ser capaz de hacerlo.”

En las últimas semanas y meses, ha habido varios ministerios e individuos en las comunidades misionales de líderes de base en las que servimos en Centroamérica que se han encontrado así mismos en contra de sus propios grupos “chetniks” Centroamericanos. Estos grupos de personas han estado sembrando destrucción y depredando los barrios que nuestros amigos aman y los lugares donde están desarrollando sus vidas.

¿Qué significa seguir a Jesús cuando nos dice que debemos “amar a nuestros enemigos?” Es una cosa a considerar esto como un “concepto” o “principio” objetivo, pero otra muy distinta cuando su vida y la de sus hijos está siendo amenazada por “chetniks” en Croacia o en San Salvador. Esta es la realidad de que varios de nuestros amigos en Centroamérica han encontrado en los últimos meses. Volf comparte su batalla personal interna sobre el tema con honestidad desgarradora cuando escribe: “Sentí que mi fe estaba en desacuerdo con ella misma, dividida entre el Dios que entrega a los necesitados y el Dios que abandona al Crucificado, entre la demanda de lograr la justicia para las víctimas y el llamado a abrazar al perpetrador.”

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Diamantes en tierras difíciles

Siendo una mujer joven, yo era un diamante. Nadie sabía que yo era un diamante, sin embargo, yo lo era. Tal vez era mi voz fuerte, mis caminos alocados o a veces mi lenguaje vulgar. Aunque de alguna forma permanecía oculto… yo era un diamante. No había mentores o compañeros que me animaran, ya que mi forma de ser causaba a todos frustración sin esperanza. Frustración sin esperanza a todos excepto Uno, y ese Uno por supuesto es Dios.

A la edad de 20 años, Él alcanzó, me levantó y me ha estado puliendo desde entonces. Porque en Él, puedo brillar. Porque Él vio más allá y por debajo de la oscuridad áspera que cubría mi comportamiento. Definitivamente, yo tenía que ser limpiada. Definitivamente, yo necesitaba un Salvador. Definitivamente yo necesitaba alguien que viera más allá de lo que los ojos naturales ven. Yo necesitaba alguien que pudiera ver con ojos de esperanza, ya que solo ojos de esperanza pueden ver  a través de la oscuridad. Mi Salvador tiene ojos de esperanza. Mi Salvador puede ver por debajo de la superficie… debajo del exterior oscuro y áspero que esconde Sus diamantes.


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