Las preposiciones de la misión

Por Joel Van Dyke

Una de las más profundas lecciones que he aprendido en los últimos 20 años al trabajar con jóvenes en alto riesgo es que debemos prestar atención especial a las preposiciones de la misión. En la escuela secundaria, aprendí que las preposiciones son palabras pequeñas que conectan pensamientos o ideas. Las preposiciones son conectivos que muestran la relación entre cosas, como “la pelota está sobre mi cabeza.” En nuestros ministerios debemos aprender a prestar atención minuciosa a las preposiciones que usamos en la misión.

Y he llegado a aprender que realmente hay tres preposiciones principales de la misión. La primera es la preposición “PARA.” Los ministerios que usan esta preposición tienden a localizar el poder en lugares muy específicos y pequeños, como el púlpito. A menudo ellos trabajan con los que quieren alcanzar, paternalmente, lo que significa que acumulan el poder y se posicionan a sí mismos en un lugar superior sobre aquellos a quienes se sienten llamados a alcanzar.


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Amando a personas difíciles

Por Francis Montás

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He estado involucrado en la Estrategia de Transformación desde el año 2007, y a principios del 2008 fui confrontado directamente con el tema de cruzar las fronteras generacionales hacia todos los grupos de edades o audiencias. Fue en ese mismo tiempo que tuvimos en nuestro país el curso En pero no De. Desde entonces, estuve un tanto inquieto con el tema mientras no dejaba de pensar en ello. Debo aclarar que la idea de abrir la iglesia para todas las edades había sido propuesta antes por mi esposa en varias ocasiones, pero nunca me animé a llevar la propuesta un poco más allá, hacia el liderazgo.
Al finalizar el primer trimestre del 2008 los líderes de la iglesia tuvimos una reunión de oración donde estuvimos buscando dirección acerca de algunos temas pendientes. Así es que, invitamos a un buen amigo de la iglesia para que nos acompañara durante la reunión de oración. En medio de ese tiempo, nuestro amigo fue dirigido por Dios para darnos un mensaje especial. Nos dijo, “Dios quiere que abran las fronteras de la iglesia para toda clase de gente,” y siendo más específico aún nos dijo directamente, “Prepárense para pastorear no sólo a jóvenes… abran las puertas… porque viene gente.”

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Rompiendo el molde

Por Marvin García

Durante 10 años que he estado trabajando con jóvenes, he escuchado cientos y cientos de predicas de cómo trabajar con ellos, cientos de procesos, miles de experiencias, docenas de consejos que fui almacenando en mi corazón y creando una imagen de lo que era trabajar con ellos…el tiempo pasó y creí haber aprendido todo lo necesario para así poder llamarme el “Súper Pastor de Jóvenes” el que todo lo sabia, pero eso llegó el día de mi prueba, el día que iba a poner a prueba todo lo que había aprendido, el día que iba a romper el molde…Todo empezó cuando por primera vez visite la cárcel de máxima seguridad, “El Boquerón.” El pastor Edwin Solís me había invitado para ser parte de un proyecto de capellanes de la Estrategia de Transformación que tenía ya varios meses, cuando entré a esta prisión lo primero que me dio la bienvenido fue “El Pasillo de la Muerte,” un oscuro pasillo que dos grandes puertas que me separaban del mundo que yo conocía y me adentraba a un mundo que nunca jamás había visto. No puedo decirte que pasó ese día. No pronuncié ninguna palabra, solo miraba rostros pintados, ojos que pedían droga, pies desnudos y listos para correr. No tuve palabras en mi boca, trataba de recordar todas las veces que había asistido a congresos, trataba de recordar todas las predicas que había escuchado, tratada de recordar algo que me hiciera hablar…pero mi mente no respondía. Al salir y cuando pude respirar el aire de libertad, empezaron a venir a mi mente muchas ideas para hacer dentro de la prisión: preparar estudios bíblicos, preparar actividades, preparar una serie de estudios bíblicos que me llevaran a enseñar todo lo que había aprendido… pero las palabras de mi amigo Edwin fueron, “NO, conocélos primero y deja que ellos te conozcan.” Para mi fue la respuesta menos espiritual que nunca antes había escuchado… pero por alguna razón le haría caso.


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Esos vagos de la calle

Por Hultner Estrada

“Yo decía que a esos vagos de la calle, los deberían mandar a fusilar.”
-Elías Quintana-
“Cuando iba para la Iglesia, y miraba un grupo de vagos en la calle, inmediatamente pasaba de largo.” -Martha Fornos-
Las citas anteriores reflejan el repudio preponderante de la sociedad, incluyendo la Iglesia, ante el fenómeno de los grupos juveniles o “pandillas” en Nicaragua. Gracias a Dios, esta actitud ¡está cambiando! Tanto Elías Quintana, como Martha Fornos, son ahora líderes juveniles cuyos ministerios giran alrededor de los jóvenes que antes repudiaban.Elías, jefe militar durante la guerra civil de Nicaragua, conoció al Señor y se integró a la Iglesia Cristiana Reformada de Nagarote, comunidad rural pobre del Departamento de León, pero aún siendo cristiano, no podía evitar sentir rechazo por los “jóvenes problemáticos” de su vecindario.
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El baile artístico del evangelio subversivo

Odilio Guzmán es un hombre con quien me encontré brevemente en un par de ocasiones. Desde entonces, no lo he vuelto ver. El fue la primera persona que me ilustró una conexión entre el baile y el evangelio. Estaba recién casado, menos de una semana, cuando estrellé el carro de mi esposa en el camión de una compañía mientras iba volando sobre la 5ta avenida en el norte de Filadelfia. Un carro que ella realmente amaba. El verdadero problema fue que ella estaba sentada a mi lado cuando choqué con Odilio. Esa fue la primera vez en mi vida que recibí “esa mirada,” la mirada que aterra a cualquier hombre casado pocas veces en su vida.El accidente había sido completamente mi culpa. Yo iba apresurado y no pude esperar para que él terminara de hacer un giro en medio de la calle. Yo salté del carro en un intento de salvar mi pellejo frente a mi recién casada esposa, acusando furicamente a Odilio por tratar de hacer un cruce estúpido en medio de una calle tan transitada. Ni mi actitud ni mi lenguaje estaban siquiera por un poco sacudiendo al hombre. Después de todo, yo era un graduado de seminario y ministro ordenado. Por lo que se veía en el costado del carro de Odilio, él era una persona que se dedicaba a arreglar ventanas para ganarse la vida. Este incidente terminó convirtiéndose en un duelo de hombres acerca de de quién tenía el mejor acercamiento a la esencia del evangelio.